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Su
cuenca es un perfecto resumen de todo lo que son y fueron los Pirineos. Y
el Ara no es sólo un magnífico río de montaña de paisajes
inigualables, un corredor ecológico privilegiado, una espectacular
corriente para los deportes de aventura, es sobre todo un símbolo de
pureza y libertad. Porque es el último río salvaje del Pirineo, el único
que mantiene sus 70 km sin ser partido por ninguna presa, el único que
sigue siendo río y, como tal, continuo, dinámico, complejo, variado.
Los
ríos son las arterias naturales del territorio. Su papel es transportar
agua, sedimentos y nutrientes, creando un paisaje y unos ecosistemas, un
corredor ecológico que conecta las montañas con las tierras bajas. El
Ara cumple a la perfección con este cometido, desde su formación en las
laderas del Vignemale hasta su desembocadura en la Zinca en L’Aínsa,
tras salvar un desnivel de 2.500 metros.
Ara
es nombre preindoeuropeo que significa “corriente de agua” o por
antonomasia “río”, tal como explica D. Antonio Pla, presidente del
Centro de Estudios de Sobrarbe. Parece que los remotos pobladores de sus
riberas ya intuyeron que era un río modélico. Ahora los científicos y
naturalistas lo consideramos el mejor ejemplo para explicar el
funcionamiento hidrológico, geomorfológico y ecológico de los ríos
pirenaicos. Ello se debe a su lugar en el centro de la cordillera, a su
estado natural, a que cuenta con tramos muy diversos, representativos de
todos los tipos de cauce, ribera y valle posibles.
Los
ecosistemas acuáticos y ribereños del Ara son muy valiosos. Especies
exigentes como la trucha, la madrilla, la locha, el desmán o la nutria
nos hablan de la alta calidad de sus aguas. En la cuenca se han censado más
de 120 especies de aves nidificantes, entre las que sobresale el
quebrantahuesos, sin olvidar un habitante del curso bajo del río: el martín
pescador. Junto a toda esta riqueza es el propio cauce, sucesión de
gargantas (Navarros, Jánovas), cursos sinuosos (Fiscal, Boltaña) y
tramos trenzados (Planduviar, Ribera de Guaso) que se encuentran entre los
más extensos y dinámicos del continente, la base para una necesaria
protección.
Este
impresionante patrimonio natural ha sobrevivido gracias a la sabia
explotación de los recursos -lo que ahora llamamos sostenibilidad- que
han ido ejerciendo los hombres y mujeres del Ara. Una economía
tradicional agrícola y ganadera que se abastecía también de la pesca
del río y utilizaba sus aguas para mover molinos harineros (Torla, Broto,
Fiscal, Jánovas, Boltaña, Guaso) y batanes (Lacort). Fue importante río
navatero hasta los años cuarenta: los troncos se “barranquiaban” o
conducían sueltos hasta Planduviar, donde se construía la navata que
descendía para seguir por Zinca y Ebro. Hoy viven menos de 2.000 personas
en la cuenca del Ara, la cuarta parte que hace un siglo, y cuarenta
pueblos están deshabitados por distintos motivos. Pero hay turismo y se
notan muchas iniciativas e inquietudes. El río es ahora para la pesca
deportiva, el rafting de Torla a Broto o de Broto a Fiscal y el descenso
en canoa de Jánovas a L’Aínsa. Los modos de vida han cambiado, pero
los muchos puentes -los medievales de Bujaruelo y Torla, otros reforzados,
como el de Broto o el de la Gorga en Boltaña, otros casi una aventura,
como las pasarelas colgantes de Lacort y Jánovas- ven pasar un río que
sigue comportándose como siempre, con sus mayencos y sus estiajes de
verano.
Es
urgente proteger el Ara, tanto por sus enormes valores ecológicos y
paisajísticos como para que no vuelva a ser atosigado por proyectos
desarrollistas que terminen destruyendo este último gran río
“salvaje”.
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Datos
técnicos
La cuenca
La cuenca del
Ara, con una superficie de 718 km2,
se instala en la parte central del Pirineo Aragonés. Entronca en el
macizo de Vignemale (3.303 m) y en una elevada alineación con varios
picos por encima de los 3.000 m hasta las Tres Sorores (Monte Perdido,
3.355 m), en la cabecera de su afluente Arazas (Valle de Ordesa). Por el
Oeste queda separada de la cuenca del Gállego por una divisoria que
recorre Tendeñera (2.853 m), el puerto de Cotefablo y los montes Erata
(2.005 m) y Oturia (1.920 m). Al Este, la divisoria con el Cinca sigue la
sierra Custodia (2.504 m), el Mondiciero (2.392 m), la localidad de Fanlo,
la sierra Bolavé (1.894 m) y la de San Miguel (1.775 m). Al Suroeste,
queda separada de las cuencas del Basa y del Guarga, afluentes del Gállego,
por las sierras de Canciás (1.928 m) y Gabardón (1.803 m).
La cuenca del Ara presenta toda la amplia variedad de
formaciones geológicas y formas de relieve que caracterizan a la cadena
pirenaica. El Pirineo axil está
representado en la cabecera del Ara, aguas arriba de Bujaruelo. Aflora en
el extremo noroccidental el borde del batolito granítico paleozoico de
Panticosa. Lo rodean materiales paleozoicos metamórficos -calizas,
cuarcitas y pizarras- afectados por la orogenia herciniana y más adelante
por la alpina y por el modelado glaciar cuaternario (valle en artesa de
Otal), que culminan en el macizo de Vignemale. Las Sierras
Interiores, calizas, del Cretácico y del Eoceno, plegadas en la
orogenia alpina de forma intensa (pliegue tumbado de Torla), son cortadas
transversalmente por el Ara en el congosto de Bujaruelo o garganta de los
Navarros. El Monte Perdido (3.355 m) es la cumbre del macizo calizo más
alto de Europa. Al modelado glaciar se une la intensa karstificación. La
banda de flysch, litología
constituida por estrechos estratos muy replegados de calizas, areniscas y
margas, ocupa una notable superficie, extendiéndose en todo el sector
central de la cuenca (Valle de Broto y Solana de Burgasé). La litología
flyschoide ha condicionado un país de intenso abarrancamiento con
presencia de relieves en cuesta. Son interesantes las formas de modelado
periglaciar, con extensos canchales y grèzes litées. También destacan
los depósitos fluviales del Ara en Broto y Sarvisé, con dos niveles de
terraza, y los enormes conos de deyección de los barrancos, destacando
por sus dimensiones el del Chate. Se distinguen en la zona de Torla y
Broto depósitos morrénicos colgados hasta 300 m sobre el valle actual.
La Depresión
Media Intrapirenaica está fragmentada en este sector central del
Pirineo por un eje anticlinal N-S transversal a la estructura normal. Es
el anticlinal de Boltaña,
conformado por gruesos paquetes de calizas lutecienses, tajadas por el Ara
en el congosto de Jánovas. El
relieve anticlinal compartimenta la Depresión en dos sectores: Fiscal-Jánovas
y Boltaña-L’Aínsa. En la primera de ellas afloran las margas
azules del Eoceno, con procesos de acarcavamiento en algunos sectores.
Los depósitos fluviales cuaternarios alcanzan notables dimensiones,
distinguiéndose dos niveles en las terrazas del Ara entre Fiscal y Jánovas.
Al Sur del valle de Fiscal-Jánovas, las sierras
de Canciás y Gabardón constituyen relieves conglomeráticos oligocénicos
sobre terrenos continentales areniscosos del Eoceno, es decir, estructuras
similares a las más occidentales de San Juan de la Peña y Oroel.
El río Ara hasta Boltaña ha drenado un 28,19% de
terrenos calizos, 1,64% de graníticos, 5,97% pizarrosos, 7,68% margosos,
9,03% areniscosos, 2,30% conglomeráticos y 45,16% de flysch (D.G.A.,
1988). Los procesos erosivos no son importantes por el buen estado y superficie
de la cubierta vegetal, a pesar de la intensidad de los procesos generados
por las acciones del hielo-deshielo, la notable pluviosidad, las fuertes
pendientes y la deleznabilidad de litologías muy representadas, como el
flysch o en mucha menor medida las margas. De acuerdo con el Mapa de
Niveles Erosivos (ICONA, 1987), en toda la cabecera hasta Torla la erosión
es mínima, por debajo de 12 tm/ha/año (en Ordesa es inferior a las 5 tm/ha/año).
En el sector de cuenca vertiente entre Broto y Fiscal la erosión también
es poco acusada, destacando únicamente algunas zonas en la cuenca alta
del barranco de Forcos, donde se alcanzan las 50 tm/ha/año. El punto más
problemático son las laderas de solana del monte Campaneta, sobre la
localidad de Buesa, donde se superan las 100 tm/ha/año. El propio valle
del Ara y el del Chate presentan índices muy bajos debido a su densa
cubierta vegetal. El sector de cuenca entre Fiscal y Jánovas presenta una
situación similar, si bien en ambas laderas hay amplios sectores que
superan las 25 tm/ha/año. Para el conjunto de la cuenca del Ara se estima
una pérdida media de 17 tm/ha/año.
El valle del Ara presenta huellas
glaciares desde Vignemale y Monte Perdido hasta las proximidades de Asín
de Broto. Es decir, hace unos 60.000 años, en el máximo glaciar, la
lengua de hielo que descendía por el valle procedente de los circos de la
cabecera alcanzaba casi 30 km de longitud. Había dos lenguas principales,
la del Ara y la de Ordesa, que confluían en el Puente de los Navarros. En
Ordesa el hielo alcanzaría un grosor de 800 m. Hay restos morrénicos
destacables en Diazas, Linás de Broto, Buesa y Chate, que demuestran cómo
la lengua de hielo iba disminuyendo su espesor: 480 m a la altura de Torla,
370 m en el valle del Sorrosal (Linás), 250 m en Buesa y 150 m en el
Chate.
Por lo que respecta al clima actual, las temperaturas medias anuales oscilan entre los 12oC
del fondo del valle del Ara en su curso bajo y los valores negativos por
encima de los 2.800 metros de altitud, nivel de la isoterma de cero
grados. Las precipitaciones
medias anuales superan los 1.700 mm en las cumbres de cabecera y son de
1.356 mm en Torla, 1.048 mm en Jánovas y 1.066 mm en Boltaña (serie
1953-82). Para el Estudio de Recursos de la Cuenca del Ebro (CHE) se estimó
para el conjunto de la cuenca vertiente hasta la cerrada de Jánovas una
precipitación media anual de 1.355 mm y una evapotranspiración potencial
de 531 mm anuales, por lo que la aportación específica se cifraría en
874 litros por metro cuadrado.
Hay recursos hídricos
subterráneos en los depósitos de calizas masivas y en el flysch.
Destaca la Unidad Ordesa-Monte Perdido, que drena tanto hacia el Ara como
hacia el Cinca. El recurso se calcula en 160 Hm3,
la reserva anual en 400 Hm3
y el drenaje, principalmente a los ríos Arazas y Ara, en 160 Hm3/año.
El uso de estas aguas es insignificante, no hay problemas de calidad, la
mineralización es débil y la dureza media. La Unidad Alto Sobrarbe, en
el anticlinal de Boltaña, presenta una recarga anual y recurso que se
evalúa en 18 Hm3,
la reserva en 336 Hm3
y el drenaje en 18 Hm3/año.
Si algo caracteriza a la cuenca del Ara es la notable cubierta arbórea, la presencia de extensos bosques, que
representan un 47,4% de la superficie del término de Broto, un 60,6% del
municipio de Fiscal y un 28,6% del de Torla (D.G.A., 1988). En total, la
superficie de la cuenca vertiente a la cerrada de Jánovas está
conformada por 15,6% de matorral, 38,9% de coníferas, 3,9% de frondosas,
23,8% de pastizal, 14,6% improductivo y el 3,2% está cultivado.
Existe una amplia
diversidad de ecosistemas diferenciados por condicionantes
altitudinales, de exposición y edáficos: ambiente
mediterráneo en laderas de solana de margas y flysch y del congosto
de Jánovas, ambiente
submediterráneo en sectores del fondo del valle y de la Solana de Burgasé,
piso montano inferior, piso montano húmedo, alta montaña, roquedos sin
vegetación y riberas.
Desde el punto de vista ecológico y paisajístico, los elementos
más valiosos de la cuenca del Ara son las espectaculares formas
de relieve de la cabecera, resaltadas por la impronta glaciar, los
densos y extensos bosques de
toda el área, especialmente los pinares de pino silvestre y los enclaves
de frondosas en umbría, el congosto
de Jánovas y el cauce del Ara.
Son elementos naturales valiosos por su representatividad o singularidad
en el Pirineo central.

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El
curso fluvial
Con una longitud total de 69,5 km y una pendiente media
del 3%, el río Ara es el primer gran afluente del Cinca. Sus principales
afluentes son el Otal, Arazas, Sorrosal, Chaté, Forcos, Guargas, Sieste y
Ena. Los 8 tramos internamente homogéneos que pueden establecerse a lo
largo del curso del Ara son los siguientes:
Tramo 1:
Comachibosa – Bujaruelo, con una longitud de 14,8 km y una pendiente
media del 8,72%, es el típico curso de alta montaña pirenaica. Por
la morfología del cauce puede subdividirse en cinco subtramos:
1.a)
Cabecera, curso inicial de fuerte pendiente encajado en el sustrato
rocoso y material coluvial, carente de llano de inundación.
1.b)
Meandriforme glaciar, un cauce de suaves curvas en el fondo de la artesa
glaciar.
1.c)
Poco sinuoso pendiente, con rápidos en un valle en V. Es la
tipología de curso fluvial más frecuente en cursos altos. El cauce
presenta rápidos y escalonamientos, pero dibuja también sinuosidades, de
manera que no sólo ejerce erosión lineal, sino que muestra también una
incipiente erosión lateral, además de verse muy afectado por los
procesos de vertiente. El corredor ribereño es estrecho, aunque en él pueden aparecer ya
especies de ribera entremezcladas con las que colonizan las partes bajas
de las laderas. El terreno inundable es también estrecho y no
precisamente llano, sino marcado por la concavidad basal de las
vertientes.
1.d)
Meandriforme glaciar, nuevo valle en artesa.
1.e)
Poco sinuoso pendiente, con rápidos en un valle en V
Tramo 2: Bujaruelo
- Puente de los Navarros, de 6 km de longitud, en el que la pendiente
media desciende al 4,66%. Atraviesa la Garganta de los Navarros, de
notable valor escénico, típica garganta fluvial de curso alto. Valle y
cauce dibujan sinuosidades y van recibiendo afluentes de fuerte pendiente,
como las laderas. Importante erosión lineal, encajamiento, sucesión de rápidos
y escalones con remansos. Gran capacidad de transporte, como se refleja en
la gran cantidad de bloques y materiales groseros.
Tramo 3: Torla,
de 6,2 km y una pendiente media del 2,34%, se desarrolla entre el puente
de los Navarros y el límite municipal Torla-Broto. El valle presenta una
anchura intermedia que permite el desarrollo del corredor fluvial, pero
las curvas presentan una baja amplitud de onda y chocan con frecuencia con
las laderas, por lo que el llano de inundación viene a coincidir con la
banda de ameandramiento. Es decir, sólo son inundables las orillas
convexas y no siempre en toda su extensión, ya que pueden asociarse a la
vertiente a través de depósitos coluviales. En el cauce, de pendiente
media, se suceden los pools
(remansos) y los riffles (resaltes
y rápidos). Una ruptura de pendiente en este valle glaciar lo separa del
tramo siguiente.
Tramo 4: Broto –
Barranco de San Pedro, de 8,5 km de longitud, con una pendiente media
del 1,29%. Constituye un amplio valle glaciar y concluye allí donde se
sospecha que llegó la lengua de hielo, aunque no quedan restos de la
morrena terminal. El tipo de curso fluvial es trenzado de curso alto. Los
cauces trenzados se distinguen con mucha facilidad por su notable anchura
y muy baja profundidad, por su gran carga de material sólido y por la
subdivisión de la corriente en múltiples brazos que dejan entre sí
isletas inestables o móviles. Este tramo se asocia a un fondo de valle
muy extenso a causa de la llegada de afluentes con notable carga
sedimentaria cuyos conos aluviales se expanden e integran en la propia
llanura aluvial del río principal. El cauce es muy ancho, con materiales
predominantes de granulometría gruesa, y el corredor o cinturón fluvial
es aproximadamente recto, manteniendo una pendiente relativamente alta,
con buena colonización vegetal en las zonas más estables pero nula en
amplios sectores debido a la frecuencia de caudales altos y crecidas. El
llano de inundación es extenso, ocupando todo el fondo de valle.
Tramo 5: Barranco
de San Pedro – Fiscal, de 5,2 km de longitud y 1,06% de pendiente.
Valle estrecho donde el cauce meandriza suavemente. Se diferencia al
modelo del tramo 3 en su menor pendiente, mayores dimensiones del cauce y
amplitud de onda de los meandros ligeramente superior. El desarrollo de
terrazas es más completo y el llano de inundación es más amplio. El
corredor ribereño coincide con la banda de ameandramiento y las orillas
convexas presentan un buen desarrollo de la vegetación de ribera.
Tramo 6: Ribera de
Fiscal, de 12,8 km de longitud y 0,82% de pendiente. Valle amplio y
cultivado en depresión margosa que conforma el vaso del embalse
proyectado. El cauce se encaja entre niveles de terraza. La tipología de
este curso fluvial es meandriforme, con curvaturas de amplio radio y
notable regularidad. Las terrazas conectan con conos de barrancos
afluentes, sobre los que se instalan los núcleos de población.
Tramo 7: Congosto
de Jánovas, de 6 km de longitud y una pendiente media del 0,83%.
Presenta un sector inicial más estrecho y otro más abierto hasta el
puente de la carretera de Lanave. Garganta abierta en materiales calizos
en la que se observan los espectaculares estratos plegados del anticlinal
de Boltaña. Cauce, corredor ribereño y llanura de inundación quedan
constreñidos por el encajamiento del valle.
Tramo 8: Boltaña
- L'Aínsa, de 10 km y 0,57% de pendiente. Valle progresivamente más
abierto hasta la confluencia con el Cinca. El
cauce se subdivide en dos subtramos:
8.a)
Meandriforme con amplias curvaturas relativamente regulares. El
corredor ribereño se ajusta a la banda de ameandramiento y se desarrolla
una franja de vegetación continua jalonando las dos orillas.
8.b)
Trenzado de curso bajo en el que la fragmentación en brazos e
isletas es menor que en Planduviar, presentando algunos sectores
notablemente estables y los subcauces son más anchos y más sinuosos. El
corredor ribereño dibuja, en conjunto, pequeñas sinuosidades. La
vegetación ribereña se asienta con mayor facilidad en las zonas más
estables. El llano de inundación es extenso y bien desarrollado.
El río
Ara es un sistema fluvial dinámico
y complejo que responde en líneas generales a la tipología propia de
un río de montaña. Lo más destacable del Ara es su considerable naturalidad,
derivada de varios factores: la escasa población de su cuenca, el
predominio de actividades humanas poco impactantes, la presencia de
amplias zonas protegidas en su cabecera y la ausencia de represamientos a
lo largo del cauce principal de la cuenca. No obstante, hay algunos elementos
que distorsionan dicha dinámica: los cambios de uso del suelo que han
tenido lugar en la segunda mitad del s. XX (abandono de campos y prácticas
tradicionales, repoblaciones forestales, incremento del turismo, etc.), la
presencia de presas de sedimentos en algunos afluentes del Ara, la
proliferación de obras de defensa en el cauce en Broto, Boltaña y L’Aínsa,
el incremento de la población estival, etc. Un ejemplo puntual de
distorsión de la dinámica natural fue el causado por la ataguía de Jánovas
incrementando la crecida de diciembre de 1997.
En el espacio se
observa una gran diversidad de
tipos de cauce siguiendo el perfil longitudinal. Así, desde la pendiente
cabecera, con tramos de rápidos y cascadas, se pasa por un par de
rellanos glaciares hasta Bujaruelo. El encajamiento de la garganta de los
Navarros, donde el río aún es capaz de arrastrar grandes bloques da paso
a un valle más abierto en Torla, donde el cauce serpentea aún con
moderada pendiente. Aguas debajo de Broto recibe dos afluentes que le
aportan gran cantidad de sedimentos, Yosa y Chate, y a favor de los
grandes conos de ambos barrancos y de la apertura del rellano glaciar
(hasta aquí llegó la lengua de hielo wurmiense) se desarrolla un cauce
que llega a superar los 500 m de anchura. Es un cauce con múltiples
brazos (trenzado) y una gran complejidad sedimentaria, que constituye un
ejemplo único por sus dimensiones en todo el Pirineo. Desde el barranco
Forcos hasta Fiscal el valle se encaja un tanto y el cauce meandriza
habiendo dejado colgadas algunas terrazas fluvioglaciares. Entre Fiscal y
Jánovas encontramos un cauce de meandros en un valle amplio con terrazas
y extensas barras de sedimentos, tanto en las orillas como en el centro de
la corriente. Estos sedimentos son ya notablemente más pequeños de la
cabecera, pero aún se constata la presencia de bloques de gran tamaño
que demuestran que las crecidas han tenido su importancia, y que el río
conserva una torrencialidad propia de su carácter pirenaico y de su
naturalidad. Tras encajarse de nuevo en Jánovas, valle y cauce se abren
definitivamente entre Boltaña y L’Aínsa, donde la plana de inundación
se extiende y el cauce, ya con muy baja pendiente, describe primero
meandros para por último trenzarse en brazos entre barras de grava,
aportando al Cinca un notable caudal sólido que contribuye a ir
colmatando el embalse de Mediano.
En el tiempo no
hemos observado señales que demuestren grandes cambios recientes en la
dinámica del río. Por el contrario, éste mantiene una torrencialidad
que parece muy similar a la de los últimos siglos, y las fotografías aéreas
de las últimas décadas no atestiguan cambios relevantes. Tan sólo
algunas defensas lineales han limitado la dinámica en los tramos
trenzados de Broto-Planduviar y Boltaña-L’Aínsa. También parece
observarse cierto encajamiento del cauce en los últimos años, del que
todavía no tenemos pruebas suficientemente claras. Quizás haya
progresado más la vegetación colonizando los depósitos sedimentarios
del cauce, lo cual puede deberse al menor número de mayencos en el último
cuarto de siglo, cuando la innivación a lo largo del invierno ha sido
claramente inferior a la de épocas precedentes. Pero todavía no podemos
saber si esto va a ser un cambio climático mantenido o es un ciclo más
de las oscilaciones propias de la dinámica ambiental.
Las terrazas
formadas a lo largo del Cuaternario muestran estructuras sedimentarias
similares a las del cauce actual, por lo que podemos deducir que después
de las glaciaciones el paisaje del Ara ha sufrido pocos cambios, que el
hombre no ha modificado lo suficiente la cuenca como para alterar la dinámica
del río. En suma, el sistema fluvial ha ido manteniendo un equilibrio, dentro de su notable naturalidad. Esto significa que el
río Ara funciona bien como un río, lo cual es su mayor valor y lo que lo
diferencia claramente de sus hermanos pirenaicos, alterados por presas y
derivaciones de caudal. Ese equilibrio está construido en la
inestabilidad inherente a todo sistema natural. Y la principal prueba de
ello es la labor geomorfológica de las crecidas, capaces de arrastrar
gran cantidad de sedimentos y de producir cambios de trazado en los tramos
no encajados del cauce. Las tres o cuatro grandes crecidas del último
siglo han sido las responsables de los mayores signos de dinámica de este
sistema.
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Hidrología
Empleando datos de García Ruiz et
al. (1985), por Torla el Ara presenta un caudal
medio de 8,5 m3/s
que suponen una aportación de 269,1 Hm3,
con un régimen nival de máximo en junio. En Fiscal la aportación es de
453,1 Hm3
y el caudal de 14,3 m3/s.
En Jánovas se alcanzan los 635,11 Hm3
y un caudal medio anual de 20,1 m3/s.
El régimen es pluvio-nival con estiaje veraniego, mínimo secundario en
enero y dos máximos similares, uno otoñal y otro entre marzo y junio. En
Boltaña el Ara registra 681,5 Hm3
de aportación y 21,6 m3/s,
un caudal muy similar al del Ésera en Graus. El papel de la retención-fusión
nival es importante por las altitudes de la cabecera, quedando incluso
algunos neveros permanentes, restos glaciares muy reducidos a lo largo del
presente siglo. El proyecto de Iberduero señala una aportación media
para el río Ara en Jánovas de 575,1 Hm3
(serie 1946-82), con valores extremos anuales de 1.286,3 Hm3
y 254,7 Hm3.
Según García Ruiz et al.
(1985) un 69,2% de las crecidas del Ara tienen lugar en otoño, un 21% en
primavera y un 14,2% en invierno, por lo que responden fundamentalmente a
episodios pluviales. El ajuste de Gumbel realizado para el proyecto de
Iberduero obtiene un caudal punta de la avenida de 500 años de 2.574 m3/s
en la estación de Jánovas, y casi 1.733 m3/s
si la avenida es de 50 años.
El 18 de diciembre de 1997 una crecida del Ara de unos
700 m3/s
de caudal punta tropezó con la presa-ataguía de Jánovas destinada a
desviar las aguas por el túnel del polémico embalse. La presión del
agua rompió la ataguía, hecha de materiales sueltos, formándose un gran
boquete. La crecida resultante marcó un caudal de 1.551 m3/s
(4 m de altura en el aforo) en Boltaña, el tercero más alto del siglo,
produciendo la ruptura de defensas y la inutilización de la cabañera
real, y obligando a desalojar el núcleo de Margudgued.
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Las riberas del Ara
El corredor ribereño es muy estrecho,
coincidente con el cauce, en la cabecera del Ara. Un denso tapiz herbáceo
estabiliza sedimentos y cubre el fondo de la artesa glaciar en los
sectores del curso alto en los que el valle se ensancha. En los puntos más
estrechos las especies ribereñas se entremezclan con las propias del
sector bajo de las laderas. En Bujaruelo, tras una primera línea de
sauces (Salix eleagnos subsp. angustifolia
en las zonas inestables y pedregosas y Salix
caprea en zonas más estabilizadas y con más finos) crece el boj y la
vegetación de ladera (pinos y hayas).
Hasta Broto presenta una primera línea de
sauces y en retaguardia abedules (Betula
pendula) y pinos (Pinus
sylvestris). Las saucedas (S.
eleagnos subsp. angustifolia) se desarrollan en el extenso cauce
trenzado entre Broto y la confluencia del Forcos, apareciendo los primeros
chopos (Populus nigra). Los primeros sotos ocupan algunas orillas convexas
de los meandros que nos aproximan a Fiscal. La sauceda en primer término
seguida de abedules, arraclanes (Frangula
alnus) y pinos confirman la estructura típica de todo el curso hasta
aquí.
En Fiscal el panorama cambia ligeramente: los
sauces (S. eleagnos subsp. angustifolia y S.
purpurea) crecen más, las hileras de vegetación arbórea
muestran mayor madurez y el chopo sustituye al abedul. En el congosto de Jánovas
no hay vegetación de ribera, salvo estrechas hileras de chopos y sauces.
Aguas abajo, en el curso inferior, las masas de vegetación se expanden,
con complejas estructuras sobre las barras sedimentarias, entremezclándose
sauces, chopos, pinos y fresnos (Fraxinus angustifolia).
En
líneas generales, la vegetación de ribera del río Ara, a pesar de estar en algunos
tramos limitada o alterada por diferentes usos antrópicos (cultivos o
prados, extracciones de áridos, algunas edificaciones y tramos de
carreteras, escolleras, pastoreo) constituye un corredor fluvial bastante
continuo y en total interrelación con la dinámica geomorfológica del
cauce.
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